Recuerdo que la primera vez que ví una "maquinita" de video-juegos fue como a los 5-6 años. Acompañé a mi papá a la farmacia y ahí estaba lo que con el tiempo sería mi perdición después de las
mujeres, la filosofía y el alcohol: los video-juegos. Claro que no eran como lo son hoy día. Era la adaptación del famoso Atari en una enorme caja de madera y una sola palanca con un botón; el nombre del juego es difícil saberlo pero eran dos "cañones" que derribaban aviones e helicopteros que variaban su velocidad y que después de un tiempo brillaban y se acababa el juego. Mi padre me dió un "tostón" de aquel entonces y tuve
mi primera vez en esa experiencia. Evidentemente no duré mucho, pero la sensación y la emoción se quedaron en mi para siempre.
Con el paso de los años, uno no sólo va creciendo, sino que los video-juegos también. Llegó el Pacman, el Galaxi y una estela de posibilidades. Claro que aquí se evaporaban los "domingos". Hasta que llegó Nintendo y su versión
pirata llamada Family, éste último habitó el cuarto de mis hermanos y el mío cerca de 8 años junto con cerca de 30 a 40 juegos.
Supe de la existencia de otros formatos como el Gamecub, Sega, N64... Playstation. Pero la prioridad era otra y el trabajo no me permitío adquirir esas bellezas. Sólo las manosee. Y ¡Oh! ¡qué placer!
Ahora todo es diferente. Ya con el trabajo y espacios de tiempo, conocí el Xbox360... fue amor a primera vista y mutuo. Son dos palancas, una de dirección y otra de pantalla; un drive como auxiliar de palanca; cuatro botones básicos y cuatro auxiliares. Muy atrás quedó la versión del Atari, de la maquinita de la farmacia y del Family.
Los momentos que he compartido con mis amigos han sido intensos y muy agradables por gritar y casi llorar de la risa... pero mención muy aparte tiene mi Musa. Ella ha compartido conmigo esta emoción y aventura... ¿y saben? Eso no viene en ningún video-juego.